lunes, 3 de abril de 2017

EN EL SENO DEL PADRE

A LAS ALTAS INSTANCIAS

A las altas estancias
donde duermen los sueños;
a las lúgubres noches
que desvelan mis horas.

Al ominoso abismo
donde mi alma mora,
al ardiente desierto
donde tu voz me llama,
a las sonoras fuentes
donde brota agua viva.

A los gélidos páramos
donde habita el olvido,
a los dulces recuerdos
que el invierno marchita,
a los sonrosados cielos
que anuncian la aurora,
a la luz mortecina
que precede a tu ocaso.

Deciros, sin palabras, quiero
que por pura esperanza espero,
que de tanto esperar, yo muero
de dulce muerte seductora,
que mi espíritu arrebata,
con una sonrisa de plata.

De muerte piadosa y agraz
insobornable y pura,
humilde con los humillados,
con los poderosos altiva,
que de esta prisión me libera,
dando fin al sufrimiento;
amarga lágrima,
filial abrazo,
perdón sin juicio,
feliz reencuentro,
que acoja mi frágil vida
en lo profundo de tu seno.



COMO ARROYO NEMOROSO

Como arroyo nemoroso, que se despeña desde las bravías fuentes,
y discurre raudo por un sotobosque de prados y umbrías,
alimentando los cauces que se funden con el undoso e inmenso piélago,
así mi vida se vierte en la tuya que, rebosante de amor,
embebe los desiertos, sedientos páramos de mi existencia,
dónde las flores ha tiempo que no brotan,
ni los pájaros se detienen para alegrar con sus trinos,
las horas oscuras.
Voy hacia ti, con el alma henchida por el miedo y las dudas,
cual luciérnaga en la oscuridad,
sedienta mi boca del néctar y la ambrosía,
luz indefectible, que señala mis pasos,
y , en la sombra, me guía.

Más, sobre las blancas, veladas tumbas de mis ojos,
se ciernen oscuros presagios,
como atormentadas moscas,
torbellinos de angustia,
miríadas de estorninos, pájaros de mal agüero,
que en las edades últimas agitan mis sueños.

Negros augurios del alma mediumnica,
de los rapsodas, profetas y paragnostas, bardos y aedos,
de tu revelación, sutiles instrumentos.

Masas acéfalas agitan sus brazos,
desprovistas de luz y sentido,
rebelión espantosa, cólera colectiva,
preludio de los males que se avecinan,
que sembrarán la tierra de cenizas,
hecatombes de inocentes,
que subirán, con el humo de las ofrendas, a tu insondable seno.



EL CUERPO QUE HABITÉ

Al cuerpo que habité,
mi morada temporal,
le debo todo.

A su través, pude percibir tu luz
inundando el mundo;
tu voz y tu eco
prolongándose en mí,
por la Palabra,
que fue tuya e hice mía,
para poner nombres concretos al
amor, a los seres que me otorgaste
como don, mi pequeña grey,
a la que nunca abandonaré.
El cuerpo que habité
en el mundo terreno,
estaba lleno de energía y de vida,
que se fue consumiendo
con los trabajos y los días,
pero la llama que lo alumbró,
sigue dando luz y calor
en esta otra orilla,
donde, plácidamente,
espero reencuentros,
abrazos y caricias.
Yo, ya estoy a salvo,
nada puede herirme,
nada causarme dolor,
estoy con los míos,
espero a los que aún me faltan,
El tiempo no cuenta,
un eón es un soplo,
mil vidas,  una tarde de domingo.


¡VERDAD LUCHE CON ILUSION…!

Quien madrugue para buscarla no se fatigará,
                 pues la encontrará sentada a sus puertas…(Sab 6, 14)


¡Verdad,… luché con ilusión
por alcanzarte!
puse el tiempo,
el deseo, la voluntad.
Te tendí toda clase de añagazas,
fingí amarte,…,
vano pretexto de mi codicia.

Te busqué en lo excelso,
lo virtuoso, lo sublime del hombre,
descendí, para poseerte,
a los abismos del Impuro,
bebiendo de la amarga copa
de la desesperación y el miedo,
para al fin encontrarte desnuda,
una mañana sentada ante tus puertas,
al amanecer.

Viniste a mí de la mano de un galileo:
“Soy el Resucitado, dijo.

Le escuché por curiosidad,
en un momento de debilidad y extravío,
justo cuando pensaba dejarte,
(tonteaba con el Conocimiento)
despechado por tu silencio,
amargado por tu ausencia.

De sus sencillas palabras,
brotabas como fuente inagotable:
vida, esencia, autenticidad,
saber único que cura toda sed
y calma toda herida.
Me ganó para sí,
perdiéndome para el mundo,
sin embargo que real,
que densa, se volvió la vida
en mi entraña,
al sentir su latido en mi latido,
lo de dentro afuera
y lo de fuera adentro.



HIJOS DE CAIN


Hijos de Caín, razas oscuras,
indómitos habitantes
de las  tinieblas.

Pueblos desterrados,
innúmeras estirpes,
hijos del viento y de la lluvia,
del sol y de la estepa.

El hogar tan ansiado,
la dulce hora de la siesta,
sólo sueño será que alumbra la noche,
que el despertar
convierte en quimera.

Tras los rebaños
en las cañadas,
en los caminos enlodados,
sucios y harapientos
sin descanso caminan,
huyendo del exterminio;
engendrando al abrigo de la roca
y del hontanar,
hijos del bronce y de la furia,
que heredaran la tierra,
cuando airadas
hachas silentes,
caigan sobre las dormidas cabezas.

Hijos de Caín,
perenne estigma
grabado en la frente,
y en la mano la promesa:
siete veces, siete,
castigo recibirá,
quien muerte os diera.


EL PERDÓN

¿Creéis acaso en la bondad?
¿Que alguien puedo librarse,
por sí, de la tiranía del pecado?

¿Que no soy injusto o malvado?
¿Que no hiero con mi lengua,
o traiciono con mi desdén?

 ¿Que no infrinjo dolor a quien me quiere,
 y que no tengo compasión ni de mi mismo?

¿Que no engaño o juro en vano,
o que no mancillo la verdad
y la inocencia?

Y, por contra …
¿Que no soy generoso o desprendido,
que no amo o cultivo la piedad,
que no soy solidario y servicial,
que no doy mi sangre,
 o ayudo al que lo necesita,
sin pedir nada a cambio,
que no tengo el corazón limpio?

Ni ángel ni demonio,
tan sólo un hombre,
con su doble naturaleza.

Mucho peco y pequé
pero también mucho amo y amé.


Y, ya sabéis: “ a quien mucho ama,
mucho le será perdonado”.

Ahí radica la fuente de mi confianza,
de mi fe y alegría ...,
en que he sido
y seré perdonado,
por el único que tiene poder para perdonar.
Mi señor.
Único Juez al que me someto.







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