martes, 28 de marzo de 2017

Dios, es Dios


No se trata de saber lo que dicen los ateos  (creen, contra toda evidencia, que Dios no existe) o de lo que dicen lo teólogos acerca de Dios, sino de escuchar lo que  Dios dice acerca de si mismo (El Verbo). Pero, para los que no les baste eso y entiendo ese sano escepticismo,  está ahí la contemplación de ese Universo,   que es pura  teofanía esplendente y maravillosa, que nos sorprende más cuanto más somos capaces de adentrarnos en sus profundidades, tanto  a escala macro como micro-cósmica, manifestación extraordinaria, aunque no la única ni la definitiva, que es el Xristos, de su poder y gloria.

Dios no puede ser reducido a una explicación por el ser humano (sino, no sería Dios) y en esta categoría  incluyo  a ciertos filósofos y hombres de ciencia, que, desde su gran sabiduría, no han logrado, sin embargo, darnos una mínima pista sobre su Naturaleza,  siendo todas sus construcciones ideológicas (incluyo a Leibniz y su sublime: "Acerca de la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal" (Teodicea), y cómo no, a Newton, las dos extraordinarias y lúcidas mentes que nacieron a un mismo tiempo para darnos una explicación racional de todo lo que existe),  que se revelan como  edificios sin cimientos, castillos de naipes que se abaten con un leve soplo.

Necesitaríamos salir de nuestras coordenadas espacio-temporales para tener una imagen como en un planisferio (imago mundi) de este Universo tan extraordinario y complejo y después de contemplarla, aun nos quedaría Dios. Pascal, como otros muchos, renunció a la razón en el siglo de la razón , para abrazarse  a una luz que transfiguró su alma y su vida . Dios es Dios y ahí se acaba toda polémica. Él, habla por sí mismo y no necesita que nadie lo explique. Lo demás son discusiones bizantinas, ganas de perder el tiempo, elucubraciones de gente ociosa,  pues, tratar de develar la naturaleza de Dios desde la razón es vanidad y locura, y desde la fe es un acto de soberbia  ¿No nos basta con sentirlo vivo y presente en nuestro corazón, en su verdadera tienda del encuentro? Parece ser que no, que queremos cosificarlo,  clasificarle , apropiarnos de él y si fuera posible manipularlo a nuestro gusto:  detestamos que nos haya creado, esa es  la última razón y  fuente de nuestro pecado mortal y evitamos ese hecho con subterfugios y ridículas teorías que a los cristianos debieran causarnos  irrisión y estupor; queremos, en definitiva,  crear un Dios, adaptado a nuestras proporciones, abajarlo a nuestro pobre nivel de comprensión y a nuestra imagen y semejanza; más Él ya se había adelantado a esa pretensión tan humana desde el origen de los tiempos, ofreciéndose y entregándose en oblación perpetua en la Persona de su Hijo, igual a nosotros en todo, salvo en el Pecado. Gran misterio.


lunes, 27 de marzo de 2017

Rincones de Navarra (España)

Bardenas Reales
Ermita de Arnotegui
Bardenas Reales (anochecer)
Lekunberri


Ermita de La Trinidad

Lekunberri
Pamplona - Caballo Blanco
Río Arga (parque fluvial)




Pamplona - Bº Rotxapea

Valle de >Izagandoa

Sierra de Leyre

Peña Izaga

Valle de Ultzama

Urdax


viernes, 24 de marzo de 2017

Poema didáctico


Nació el verso en la antigua Grecia, como instrumento mnemotécnico aplicado a  la necesidad de recordar las grandes epopeyas del pasado transmitidas oralmente  -la Ilíada y la Odisea son inconmensurables poemas orales, recitados y cantados en calles y plazas por los aedos- y  perpetuar el  saber y el conocimiento. Nadie sabe como la poesía ha podido degenerar, hasta convertirse en  despiadada manifestación de la volubilidad y el sentimentalismo  pueril y vanidoso, vacío y exhibicionista (hedonismo). Se ha perdido por completo y se ignora cuál es la naturaleza de la dicción poética, de manera que debamos dar por sentado que, el hecho de apilar un verso sobre otro, ya  convierte a alguien, por ello,   en poeta. 


Stoa: un modelo virtuoso

... Así  fue como mi vida cayó en el abismo del desorden y la anarquía,
subyugada por los deseos ingobernables e impuros.

Pasado el tiempo de los apetitos, cuando llegó la encrucijada,
cayó en mis manos "Consolación a Helvia" ...

Descubrí en Séneca cómo los romanos antiguos practicaban la vida sencilla,
adaptando a su original forma de ser religiosa, el pensamiento estoico:

Aprendizaje y práctica de unos pocos principios, realmente sólidos;
el fundamental:  todo hombre, se debe a su patria (familia y gens) y a los demás.

Vivir, conforme a naturaleza, el hombre retornará a la tierra, puesto que es polvo;
en ella encontrará  el  equilibrio y la paz. No debemos sufrir por los muertos.

Nunca más allá del período necesario de duelo y las honras fúnebres;
prolongarlo  es ensimismamiento y, por ello, cobardía o soberbia.

Uno no vive para sí, sino para el otro, y debe dedicar a ello todas sus potencias;
el sacrificio de la propia vida es la finalidad de la existencia y el  honor más alto.

Aceptar el destino (fatum)  es principio de realidad: nacemos y morimos;
es la ley de la naturaleza;  no hay excepciones en esto.

Evitar las pasiones, el "phatos" fatal, es la regla de oro del hombre libre no sometido;
somos  criaturas dotadas de inteligencia y poder de autocontrol. No así las bestias.

Impasibilidad (apátheia) e imperturbabilidad (ataraxia), son los  medios para lograrlo;
instrumentos para forjar el carácter: dolor, placer y miedo, no deben sojuzgarnos.

Ser piadosos y orar: puede que los dioses existan y nos estén poniendo a prueba;
encomendémonos a las almas de los antepasados, que ya descansan en paz.

Ayudar al necesitado; mañana puedes serlo tú. Respeta su dignidad herida.
No te encumbres ni hagas ostentación. La suerte muda .

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... Más, esto sirvió para un tiempo, para una mentalidad, para una época, para un hombre viril
educado en principios y amante de la tradición ... ¿Hay alguno así, hoy?  

  


sábado, 11 de marzo de 2017

Como arroyo nemoroso

Como arroyo nemoroso, que se despeña desde las bravías fuentes,

y discurre raudo por un sotobosque de prados y umbrías,

alimentando los cauces que se funden con el undoso e inmenso piélago,

así mi vida se vierte en la tuya que, rebosante de amor,

embebe los desiertos, sedientos páramos de mi existencia,

dónde las flores ha tiempo que no brotan,

ni los pájaros se detienen para alegrar con sus trinos,

las horas oscuras.


Voy hacia ti, con el alma henchida por el miedo y las dudas,

cual luciérnaga en la oscuridad,

sedienta mi boca del néctar y la ambrosía,

luz indefectible, que señala mis pasos,

y , en la sombra, me guía.


Más, sobre las blancas, veladas tumbas de mis ojos,

se ciernen oscuros presagios,

como atormentadas moscas,

torbellinos de angustia,

miríadas de estorninos, pájaros de mal agüero,

que en las edades últimas agitan mis sueños.

Negros augurios del alma mediumnica,

de los rapsodas, profetas y paragnostas, bardos y aedos,

de tu revelación, sutiles instrumentos.


Masas acéfalas agitan sus brazos,

desprovistas de luz y sentido,

rebelión espantosa, cólera colectiva,

preludio de los males que se avecinan,

que sembrarán la tierra de cenizas,

hecatombes de inocentes,

que subirán, con el humo de las ofrendas, a tu insondable seno.

viernes, 10 de marzo de 2017

A las altas instancias

A las altas estancias
donde duermen los sueños;
a las lúgubres noches
que desvelan mis horas.

Al ominoso abismo
donde mi alma mora,
al ardiente desierto


donde tu voz me llama,
a las sonoras fuentes
donde brota agua viva.

A los gélidos páramos
donde habita el olvido,
a los dulces recuerdos
que el invierno marchita,
a los sonrosados cielos
que anuncian la aurora,
a la luz mortecina
que precede a tu ocaso.

Deciros, sin palabras, quiero
que por pura esperanza espero,
que de tanto esperar, yo muero
de dulce muerte seductora,
que mi espíritu arrebata,
con una sonrisa de plata.

De muerte piadosa y agraz
insobornable y pura,
humilde con los humillados,
con los poderosos altiva,
que de esta prisión me libera,
dando fin al sufrimiento;
amarga lágrima,
filial abrazo,
perdón sin juicio,
feliz reencuentro,
que acoja mi frágil vida
en lo profundo de tu seno.

Evocación norteña

Cierro los ojos …,
evocación de un paisaje, 
luz del norte, suave y melancólica, difusa y pálida..,
añoranza ,”spleen” incurable,
rostros imborrables,
el primer amor, a veces, el único.

Flores blancas, rojas y amarillas
se funden en el verdín;
la primavera se anticipa espléndida,
vívidas y vibrantes pinceladas,
extensas manchas de color tachonan la campiña.

Los torrentes de montaña,
arrastran guijarros pintados por ondinas ;
el río donde juegan la trucha y el salmón,
corre impetuoso, a caudal pleno,
lamiendo los campos de maíz.

Estridulan los grillos negros de redonda cabeza,
con su collar de oro, el príncipe grillo, canta una endecha.
El martin pescador de azules plumas y la lavandera ,
raudos vuelan, a ras del agua y de la tierra;
el pinzón alimenta a sus polluelos,
el atrevido raitán picotea el grano.
el temeroso mirlo, las frutas y bayas.

Metálicos trinos, timbres discordantes
alegran el cercano bosque,
los paseos de olmos, quejigos y plátanos
de frutos redondos y erizados,
los primorosos parques, los setos de boj,
las rosaledas, y los parterres,
los senderos de grijo , los estanques.
y los blancos tendales ,
donde, a la suave brisa,
 se orean las sábanas.

Los niños corren tras la pelota,
sus juegos, sus voces estridentes y gritos,
llenan el espacio del recreo y las vacías aulas.

Retornarán las lluvias,
para que no olvidemos,
por qué los campos son verdes,
y los árboles frondosos,
por qué crece todo tan deprisa,

Todo, como mi propia infancia,
” ¡Oh, plenitud del tiempo consumado!”,
sucesión de días interminables,
en mi amada ciudad, tan bella y plácida.

A Cangas de Onís

La Tierra, ese bólido: la resonancia Schumann

La Tierra es un bólido que surca el espacio a una velocidad aproximada de 100 000 km/h., arrastrado por la fuerza gravitatoria del Sol, que,  a su vez, gira  en torno a la Vía Láctea, que a su vez,  gira en torno a un gran vórtice, gigantesco "mälstrom",  que fagocita toda materia, incluida la luz, y que, a su vez, forma parte de un inconmensurable Universo de proporciones inimaginables, cuya estructura real desconocemos casi por completo.

Ésta, gira, además,  sobre sí misma como una peonza sobre su eje, a una velocidad  de 1600 km/h en la línea del ecuador; velocidad que desciende, hasta ser prácticamente nula, a medida que nos vamos alejando de su centro hacia los polos, produciéndose, en dicho giro, al igual que en el ejemplo citado, un movimiento pendular o de bamboleo, que afecta a su inclinación respecto al plano de la eclíptica, que es  la línea imaginaria o camino que traza en su recorrido alrededor del sol. Ello unido a los denominados movimientos de precesión y nutación que son cambios en el giro, nos puede dar una idea aproximada de la extraña complejidad y dificultad de gobierno de este vehículo que, contra nuestra voluntad, nos trae y nos lleva por el espacio y el tiempo, casi desapercibidamente, como si viajáramos en un cómodo vagón del AVE.

Este movimiento de cabeceo, como lo denominan los astrónomos, influye en la variación del ángulo del eje respecto al citado plano,  provocando una mayor o menor inclinación de la Tierra, lo que incide, asimismo, en la cantidad de radiación solar que nuestro planeta recibe, siendo ello la principal causa de los procesos y cambios que marcan las eras, los períodos y las épocas.  Si la inclinación se produce con el eje apuntando en dirección contraria al Sol, es decir si la Tierra se recuesta hacia el exterior  del plano,  se suceden las glaciaciones; si, por el contrario, el eje se inclina y apunta en dirección al Sol, como en los tiempos actuales, los hielos retroceden y aumenta, en consecuencia, la superficie líquida.

 Hoy estamos en una fase geológica marcada por  el fin de una era, la cenozoica, que ha contemplado procesos de extinciones masivas, pero también la aparición de nuevos seres que dominarían y transformarían la Tierra: los mamíferos, a cuyo orden pertenecemos; en un período, el cuaternario, y al final de una época interglaciar, el holoceno, caracterizada por la desaparición paulatina del manto de hielo y la recesión de los glaciares, como consecuencia de esa exposición mayor a la radiación solar y como consecuencia de la actividad humana, como sugieren los teóricos del denominado calentamiento global, doctrina hoy en boga, que se opone a la  del enfriamiento global, mantenida en las décadas 60/70 del pasado siglo y basada en que la proliferación de partículas sólidas en la atmósfera producidas por la emisiones de gases, tanto de naturaleza industrial como por los procesos vulcanológicos, de mucha mayor influencia, provocarían un aumento del efecto albedo, ya de por sí importante, teniendo en cuenta la reflexión de las radiaciones solares sobre las superficies de los hielos, los desiertos y los mares, que provoca el escape de dicha energía en gigantescas cantidades al espacio.. Ello unido a que la espesura de la capa de gases insuflados a la atmósfera por dichas actividades, impediría el paso de una gran  cantidad de la radiación solar, provocaría en poco tiempo  el enfriamiento paulatino del planeta. Como no hay en la ciencia y en el mundo teórico nada absoluto, yo soy de los que pienso que uno y otro modelo se superponen y se contrarrestan, ralentizando los procesos.

Por consiguiente, nos encaminamos hacia una época en que las aguas del mar cubrirán, inevitablemente,  una parte de la tierra emergente, con lo que las actuales costas desaparecerán, apreciándose dichos cambios en la fisonomía del planeta; algunas ciudades quedarán ocultas o parcialmente anegadas por las aguas y otras se levantarán en el  margen de las nuevas costas. Nada que no haya sucedido ya, incluso varias veces,  a lo largo de los eones. Todo ello (salvo bruscos e impredecibles movimientos o catástrofes de otra naturaleza (desplazamiento de las placas tectónicas, mega terremotos o desastres nucleares accidentales o provocados por las guerras), no lo verán las generaciones presentes.

¿Cómo incide tal frenética actividad cosmológica en el hombre y en el resto de las especies? Ignoramos como nos afecta la velocidad y la resonancia producida en el movimiento de traslación, fuera de que sabemos que señala la duración del año, tras una vuelta completa de la Tierra alrededor del Sol. Somos más conscientes, en cambio, de lo que implica los movimientos de rotación y bamboleo, porque estos sí  que influye notablemente en nuestras vidas, determinando las leyes del tiempo como elemento rector de la actividad, las estaciones del año, los períodos de luz y oscuridad, los ritmos circadianos que marcan la vigilia y el sueño, etc., siendo, en consecuencia, un factor trascendental en la historia de la vida, en general y de la nuestra como especie, en particular.  A ello habría que añadir el influjo sobre la psique humana y quizá sobre el sentido de la percepción del resto de las especies, de las ondas de diversa naturaleza que afectan a la Tierra y a la vida en general, ondas de naturaleza electromagnética, pulsos de mayor o menor magnitud, ondas gravitacionales y la discutida resonancia Schumann.

 La Tierra es un gigantesco trompo, un toroide que da vueltas sobre sí  mismo, generando una onda sónica o resonancia de baja frecuencia y, por lo tanto, inaudible, para el hombre, pero sí para otras especies, de modo parecido a la que produce una peonza al friccionar con el aire, solo que, en este caso,  al interaccionar con el campo electromagnético de la ionosfera, reforzado por las intensas descargas eléctricas producidas por el relampagueo continuo en la atmósfera,  causantes de la creación del escudo protector que, junto con la magnetosfera, nos protege contra las radiaciones potencialmente más peligrosas, como son los rayos X, los rayos  gamma y las partículas atómicas, que se producen en los procesos de fusión nuclear,  en el interior de las estrellas y, por ende, de nuestro Sol.


El cambio de la frecuencia por encima de los límites normales de dicha  resonancia, acoplada a nuestro propio generador de ondas electromagnéticas, el cerebro, provocaría, como en cualquier emisor o receptor artificial,  interferencias y potenciales trastornos en la psique,  y se estudia en relación con los posibles efectos adversos causados en el comportamiento de hombres y animales, ya que, posiblemente esté vinculado a procesos autodestructivos o episodios de violencia extrema, pues excitaría el  sistema límbico, lugar de nuestro cerebro que procesa las emociones. Hay quienes sostienen, asimismo, que dicho aumento de la resonancia, provoca un efecto en nuestro sistema de orientación y de la percepción del tiempo, y que, igualmente afectaría a las aves en su sistema de guiado, a las migraciones de la fauna marina y de manera especial al comportamiento de los grandes mamíferos terrestres y marinos. Otros, en cambio, más cercanos a corrientes espiritualistas, suponen que tales fenómenos se traducirán en una  paulatina ascensión hacia un nuevo nivel de conciencia, que propiciará el advenimiento de una nueva era de apaciguamiento y bondad generalizada ¡Ojalá! Lo cierto es que, con el efecto o resonancia Schumann, como con casi todo, hay  hipótesis para todos los gustos, desde las más simples a las más alambicadas, tratando, cada cual, de llevar el agua a su molino. 

El Necronomicon, o como crear una leyenda

El grimorio -atribuido al nigromante sirio Abdul Al Hazred- ha existido y me atrevo a decir que existe y se halla oculto en un  lugar secreto; tal vez en alguna sala de los oscuros e inhóspitos pasadizos y sótanos del Vaticano. Vendría a titularse “Sobre las Leyes de los Muertos” y sería una de las múltiples traducciones al siro-fenicio (bajo arameo) de oscuros textos egipcios hallados sobre finales del año 800 de nuestra era, 275 de la hégira, aproximadamente, por el califa de la dinastía abasí Abdul Allah al Mamun, a la sazón Sultán y Señor de Egipto, hijo del famoso Harum Al Rashid, el autor de las leyendas de “Las mil y una noches”, tras entrar en la Gran Pirámide por una  abertura o brecha practicada a unos dieciséis metros del suelo o plataforma pétrea sobre la que ésta se erige y a través de la cual, recorriendo intricados pasadizos y galerías, accedería a su interior, y a sus misterios y tesoros (pues allí los ocultaban los sacerdotes),  todos los cuales habrían sido trasladado a La Casa de la Sabiduría de Bagdad, el museo privado de arte e historia y biblioteca califal de la nueva ciudad construida  en las cercanías de Babilonia.

Dichas tumbas se habrían erigido no como mausoleos de los faraones de la III y IV dinastías, hecho imposible de toda imposibilidad, por más que lo certifiquen los arqueólogos de la corriente oficialista, sino en la antigüedad remota, como  prisiones inexpugnables levantadas por los nefilim, los gigantes de las épocas pretéritas, presentes en todos los ciclos de leyendas y cosmogonías de los pueblos antiguos, para confinar allí, por los siglos de los siglos, a  las entidades malvadas de naturaleza inmortal, conocidas en la mitología árabe anterior a la codificación, como Jinn o Djinn y a los Ghoul (demonios necrófagos), bajo el peso de millones de toneladas de granito y que liberados de sus cadenas por la codicia humana, pero también por la infinita curiosidad y deseos de saber,   vagarían hoy por los desiertos del mundo o quizá, encarnadas en los cuerpos de crueles gobernantes, habrían  acarreado la destrucción y la muerte a lo largo de las épocas, como enemigos eternos que son del género humano, es decir, los antiguos demonios o ángeles caídos de los relatos bíblicos.

El denominado Necronomicon – la presunta traducción al griego de dicho texto- es, en cambio, me atrevo a decir, una invención o mixtificación, creada, a partir de algunos datos fidedignos, por la febril mente  de  H.P. Lovecraft, que, en su delirio, elaboró, incluso, una prolija ficha del libro, a la que después se sumaría la tan conocida del escritor y fabulador argentino Jorge Luís Borges, más pretenciosa y erudita, pero igual de falsa, me temo.

Tal libro, – el original, me refiero- , no la apócrifa versión griega (encuadernada, según H. P. Lovecraft en piel humana y nunca hallada a pesar de las pistas sugeridas), contendría además de los saberes ocultos, siguiendo los ritos de transformación y los misterios osíricos, los procedimientos, fórmulas y protocolos del ancestral sacerdocio, utilizados para, tras la muerte, hallar el camino hacia la vida eterna, así como, este es un dato crucial, las genealogías de la humanidad, a semejanza del “Bereshit” de la Torá hebraica, que nos remontarían a la época de los Antiguos, en consonancia con los Anales elaborados por Maneton, sacerdote del templo de Ra, en Heliopolis, en el s. III antes de Cristo, y Beroso, sacerdote del templo de Esagila, dedicado al dios Marduk, en Babilonia, ambos cronólogos e historiadores coetáneos muy reconocidos de la Antigüedad y ampliamente citados por autores tan diversos como Flavio Josefo, historiador romano de origen judío y , en la Patrística, Sexto Julio Africano, cronólogo e historiador cristiano.

Tendría, pues, más que ver con el Libro de los Muertos, que con las fantasías oníricas del autor de Providence (Nueva Inglaterra), que lo consideraba una especie de talismán o arcano que permitiría al lector contactar con los Primigenios, según ritos de iniciación tan antiguos como peligrosos, pues dichas criaturas, podían tomar posesión de su espíritu, llevándolo al paroxismo y a la locura y, a su través, desencadenar fenómenos, alteraciones o distorsiones en el “continuum” espacio-tiempo, estableciendo una relación indeseable con los entes del inframundo y de la realidad paralela, o, según la terminología actual, con entidades del multiverso cuántico nada benéficas.

H.P. Lovecratf, como heredero, a su manera,  de la gran corriente del trascendentalismo norteamericano (en realidad, una escuela sumamente ecléctica que indaga en numerosas fuentes, entre ellas las orientales), y exponente del llamado género gótico, se servía con frecuencia de materiales presentes en las mitologías, para la creación o recreación de su universo legendario, que se nutre de monstruos que habitan los abismos y criaturas surgidas de lo insondable del espacio y del tiempo,  utilizando, como recurso literario, escenarios propios de los sueños o de la imaginación más desbordante, para dotar a sus historias de un aura de realidad ultra-terrena, de una densidad viscosa y nauseabunda y de una maldad sobrehumana, lo cual es como decir infinita, que anticipa el género “pulp” y la  literatura popular, presente, asimismo,  en el cine y que ha inundado e inunda los fanzines o revistas de gran tirada desde  hace más de un siglo. Así surgirían los extraordinario relatos de los “Mitos de Cthulhu” , “El que acecha en el umbral”, en colaboración con August Derleth, “El horror de Dunwich”, “Las montañas de la locura”, y muchos otros recogidos en las aludidas publicaciones periódicas, como “Weird Tales”, pues fue autor prolífico, que nos muestran en clave exotérica, cómo desde la noche de los tiempos, estaríamos rodeados de criaturas de los abismos y presencias cósmicas, que habitan el mundo desde que el ser humano, tal como lo conocemos, fuese creado a imagen y semejanza de Elohim, entidad benéfica según los relatos bíblicos, o los annunaki, entidades maléficas de las leyendas babilónicas.