viernes, 29 de agosto de 2014

EL CUERPO QUE HABITÉ


 
Al cuerpo que habité, mi morada temporal,

le debo todo,

a su través, pude percibir tu luz

inundando el mundo,

tu voz y tu eco prolongándose en mí por la Palabra,

que fue tuya e hice mía,

para poner nombres concretos al amor,

a los seres que me otorgaste como don,

mi pequeña grey,

a la que nunca abandonaré.

 

El cuerpo que habité en el mundo terreno,

estaba lleno de energía y de vida,

que se fue consumiendo con los trabajos y los días,

pero la llama que lo alumbró,

sigue dando luz y calor en esta otra orilla,

donde plácidamente espero reencuentros,

abrazos y caricias.

 

Yo, ya estoy a salvo, nada puede herirme,

nada causarme dolor,

estoy con los míos,

espero a los que aún me faltan,

El tiempo no cuenta,

un eón es un soplo,

mil vidas,

una tarde de domingo.