miércoles, 27 de julio de 2011

El Guardian: un sueño hipnogógico


Se hallaba justo a mi lado, cuando, repentinamente, entre sueños, abrí los ojos y desperté, sin darle tiempo a nada. Se incorporó, dio dos pasos hacia atrás sin dejar de observarme y desapareció filtrándose por la pared, mientras yo, aturdido, le dirigía toda clase de improperios, al mismo tiempo que intentaba alcanzarle con mi puño, pero todo sucedió en unos pocos segundos.


Decidí dormirme con la esperanza de que, al menos, durante el resto de mi sueño no volvería a ser, de nuevo ,perturbado.


Se hallaba en una posición de acecho, reclinado sobre mi cama, vigilante, presto a saltar sobre cualquier invisible enemigo o sombra que se moviere.


Se desde hace muchísimo tiempo, que es aquél que me protege, cuyo cercano aliento percibí en la lejana infancia y que llenaba mis noches de temores y sobresaltos, a cuya presencia me he acostumbrado en la confianza de que no alberga contra mi propósito alguno. El tan sólo espera y me ampara en esa fase del día en que mas vulnerables somos.


Mi conducta, lo confieso, fue motivo de honda preocupación en los sucesivos días. Volví a invocarle, más fervientemente si cabe, en mis oraciones, ante el temor de que ello  hubiera desencadenado un definitivo alejamiento.
           

Aunque, tal vez, se haya vuelto más precavido y adoptado alguna otra forma indistinguible, ya que lo que, verdaderamente, produjo mi rápida y furibunda reacción fue la contemplación de su imagen, tan desfigurada, como idealizada, en las historias que sobre estos seres se nos han contado desde siempre.


Si bien, pensando un poco, y  retrotrayendo mi memoria a los relatos bíblicos, nada induce a pensar que su presencia fuese recibida con gran entusiasmo. Antes, al contrario, con profundo respeto y temor.


Yo, por mi parte, no tengo inconveniente en seguir considerándole como mi ángel guardián, pero ahora se, con la certeza que me ha dado la experiencia, que también es mi ángel de la muerte.


Quien sellará mis labios y mi alma. Quien preparará mi viaje, para llevarme ante la presencia del Altísimo. A cuyo único juicio me someto.  

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